Diplomacia cultural de la 4T en cuatro tiempos

Diplomacia cultural en tiempos de conflicto armado. Eduardo Cruz Vázquez con un grupo de soldados del ejército colombiano, en julio de 2002, en San Agustín, departamento de Huila. (Fotos: Indira Restrepo, archivo personal).

 

Uno. Revisitar el pasado

La única vez que he tenido seguridad fue en julio de 2002. Tres días, para ser precisos. Custodia a cargo de soldados del ejército colombiano. Fue en San Agustín, departamento de Huila, donde se desarrolló el segundo encuentro “La cultura le declara la paz a Colombia”, organizado por el Ministerio de Cultura del entonces presidente Andrés Pastrana. Hasta esa porción de la cordillera de los Andes, a unos kilómetros del parque arqueológico de San Agustín, Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1995, llegaron representaciones artísticas de las naciones amigas del proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que para esas fechas entró en una nueva etapa crítica. La zona era un corredor clave para los guerrilleros y los narcotraficantes.

El ejército fue desplegado por la visita del mandatario Pastrana, quien acudiría a inaugurar el encuentro. A la mera hora no pudo aterrizar por las difíciles condiciones climatológicas que caracterizan al lugar. Los vuelos especiales en los que nos transportamos tanto un grupo de agregados culturales como los artistas de cada país, se consideraron una excepción por los operadores de la base militar y también por los lugareños. Pero ahí estaba la diplomacia cultural mexicana con los integrantes de la compañía de Tepito Arte Acá, de Virgilio Carrillo y con el mero mero picudo director del Centro de Estudios Tepiteños, Alfonso Hernández. “Nos sorprendió que, ante los mismos problemas, lo mexicano era un ejemplo a seguir. Estuvimos presentes los del barrio más cabrón de México, escenificando el habla y el protagonismo tepiteño”, rememora el maestro del albur fino.

El hotel, el único existente para albergar a tan nutrido contingente, era una fortaleza. Las calles y el auditorio –un enorme galerón- donde se desarrollaban los eventos, cuidadosamente vigilados. A cada agregado cultural le asignaron dos militares. Fueron horas de mucha intensidad en el epicentro de un llamado singular: diplomacia y cultura a pesar de los pesares. En una tierra representativa del yagé, la bebida sagrada a la vez que temida –más de uno se ha quedado en el viaje- sonó fuerte la lengua tepiteña. Un desnudo en el escenario. Retumbó en las tablas la cultura popular mexicana acompañada de la música de Molotov:

Hay que arrancar el problema de raíz y cambiar el gobierno de nuestro país (…)

Si nos pintan como unos huevones, no lo somos ¡Viva México cabrones!

Que se sienta el power mexicano, que se sienta todos juntos como hermanos.

Porque somos más y jalamos más parejo ¿por qué estar siguiendo a una bola de pendejos? Que nos llevan por donde les conviene y es nuestro sudor lo que los mantiene, los mantiene comiendo pan caliente y ese pan es el de nuestra gente.

Dame, dame, dame todo el power para que te demos en la madre.

Gimme, gimme, gimme, gimme me todo el poder so I can come around to joder.

Me sembraron entonces un lazo singular e inolvidable con la tropa; el contacto con la disciplina militar y con las humanidades de esos jóvenes que en muchos sentidos vivían una rutina diferente. A toda hora sonrientes, solícitos, con una curiosidad contenida en su estar en guardia permanente. A la afueras del hotel, montados en su transporte, la fotógrafa colombiana, mi entrañable Indira Restrepo lo hizo: pidió a los soldados la foto del recuerdo. Lo simbólico fue no solo estar al centro de ellos sino que dispusieron una ametralladora en mis manos y la cartuchera al hombro. Un peso que invoca una fortaleza que cimbra para siempre.

 

Una aportación de la diplomacia cultural de México en 2002: llevar las expresiones del barrio de Tepito a un espacio del conflicto colombiano en el departamento de Huila. (Foto: Memo Bautista).

 

Dos. Relámpagos de un proceso

El 14 de diciembre de 2017, al anunciar su posible gabinete de ganar las elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) presentó a Héctor Vasconcelos como Secretario de Relaciones Exteriores (SRE), quien caminaba a la par de una curul en el Senado. Durante 2018, los esfuerzos por lograr un encuentro para conocer sus ideas en relación a la diplomacia cultural y la cooperación internacional fueron infructuosos. Vasconcelos viajó innumerables ocasiones a Estados Unidos para promover el voto de las comunidades mexicano-estadounidenses. El diálogo sobre estos temas (si los hubo en otros escenarios) como parte de una abultada (y problemática) agenda de campaña en política exterior escaparon al registro de la opinión pública.

 

Héctor Vasconcelos fue un efímero canciller. Con el triunfo de AMLO entró a esa posición el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard. (Fotos: www.hectorvansconcelos.mx/Wikipedia).

 

Tras el triunfo del 1 de julio de 2018, AMLO dio el giro esperado en muchos sentidos: relanzó a Marcelo Ebrard al hacerlo responsable de la política exterior en lugar de que fuera Vasconcelos. A borbotones los asuntos internacionales del próximo gobierno, sobre todo en la relación bilateral con Estados Unidos, ni por asomo se hizo mención del capítulo de la diplomacia cultural y la cooperación internacional. Hacia octubre, la perfilada para la Secretaría de Cultura (SC), Alejandra Frausto, generó una serie de diálogos en el Centro de Cultura Digital. Si bien en su documento “El poder de la cultura”, se proyecta “Mirar de frente al mundo”, la programación de las sesiones no incluyeron estas líneas. La sugerencia de reparar el olvido llegó tarde y con pifia de por medio. Tras anunciar una fecha en vísperas de la toma de posesión del nuevo mandatario, la cancelaron horas después.

Justamente en el mes de octubre, a través de la sección cultural de la revista Proceso (número 2188, domingo 7) en nota de Judith Amador, lancé diferentes ideas al lado de mis colegas, estudiosos y practicantes de la dicotomía: César Villanueva, Héctor Orestes Aguilar y Edgardo Bermejo. Tres días después, Marcelo Ebrard respondió a un tuit que le envié con la entrevista múltiple (ver imagen). Como dato anecdótico, por esas fechas me topé con el hoy canciller en la esquina de Zacatecas con Orizaba, en la colonia Roma. Intercambiamos pareceres en instantes; hizo anotar a su chofer mi número celular. Por supuesto no hubo mayor contacto.

 

El registro de un diálogo que nunca se dio.

 

En los primeros días de diciembre se concretó el secreto a voces: Enrique Márquez, el historiador potosino que llevó el mando de las celebraciones del bicentenario siendo Ebrard Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, asumió la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural (la DGCEC, a la cual agregaron funciones de turismo aun hoy desdibujadas) de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid). Sustituyó al embajador José Luis Martínez, quien a su vez entró tras la renuncia de Susana Pliego que se fue a la embajada en España, quien tomó el lugar de Alejandra de la Paz al preferir la ruta hacia la dirección del Museo Franz Mayer. Ella, que entró al quite tras la primera ocupante en esa oficina durante el sexenio peñista, Liz Galván, quien venía de colaborar con el gobernador Gabino Cué en Oaxaca.

Tres. Para enfrentar las herencias neoliberales

La oficina cultural que recibió Márquez tenía tiempo marcada por las reducciones presupuestales y por su interdependencia (para otros, subordinación) con su par en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes que desde 2015 es Secretaría. Una larga y compleja historia, con aciertos a pesar de las limitaciones, que durante el sexenio de Peña Nieto ejerció alrededor de 181 millones de pesos (solicitud de información a la SRE folio 0510000003818 del 4 de septiembre de 2018). En 2013 se colocaron en la DGCEC 17 millones de pesos. Para 2019, Márquez dispone de un poco más de 11 millones de pesos de los cuales, al cierre de agosto (solicitud de transparencia a la SRE folio 0000500269119 del 3 de octubre pasado) le quedaban por gastar menos de 500 mil pesos.

En esa perspectiva, mediante solicitud de información a la SC (folio 1114100105919 del 23 de septiembre de 2019), sabemos que el presupuesto previsto para la Dirección General de Asuntos Internacionales (DGAI) de la SC para el presente año fiscal es de 17 millones 519 mil pesos, de los cuales 8 millones 501 mil pesos se destinan a pago de salarios y prestaciones. Esto significa que la DGAI tiene para sus tareas 9 millones de pesos, apenas dos millones menos que su par de la cancillería. ¿Quién puede estar de acuerdo con esta situación?

Una noticia llegó en el marco de la Reunión Anual de Embajadores y Cónsules (REC), el lunes 7 de enero de este año. Por un lado, la secretaria Frausto anunció la creación de un Consejo de Diplomacia Cultural, en colaboración con la SRE. Por su parte, Enrique Márquez perfiló el cambio de la DGCEC a una Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural. A la fecha y como consta en los documentos de la solicitud de información del 3 de octubre, tal cambio no ha sido autorizado.

En la REC el historiador Márquez definió siete elementos para el “fortalecimiento e innovación” de la diplomacia cultural para el sexenio de la 4T: 1) La gestión cultural institucional. El orden en casa; 2) Acción conjunta con la Secretaría de Cultura; 3) Red de Cooperación Cultural Comunitaria; 4) Un nuevo camino para la programación, con énfasis en el multilateralismo; 5) Nuestros migrantes y la cultura; 6) El mundo en México, y 7) Somos lo que también pensamos (una suerte de acciones multinivel de promoción de la imagen de México).

 

Los operadores de la diplomacia cultural de la 4T: Enrique Márquez y Pablo Raphael de la Madrid. (Foto: SRE/Casa de América).

 

Hacia el final del documento, Enrique Márquez escribió: “Somos pues lo que pensamos, somos lo que comemos, bailamos, pintamos, escribimos, soñamos. Somos un país vigoroso, con una historia y una cultura plenas de grandeza, que vive un tiempo social y político. Somos un país que busca escribir un futuro diferente. Somos una nación resuelta a acreditarse ante el mundo con una imagen nueva, fincada en su fortaleza, en su resolución y vitalidad de ahora, y en lo mejor de siempre. La nueva Diplomacia Cultural de México tiene esa gran encomienda”.

Después vino el desconcierto, que es una manera suave de decirlo. De cara a lo señalado por la Ley de Planeación, la factura del Plan Nacional de Desarrollo (PND) surcó los caminos que el titular del Ejecutivo decidió. Al margen de la ley, por no decir en franca violación, no se sucedieron los foros de consulta como fueron previstos ni se observó la metodología que implica. Se dio entonces la confrontación con Carlos Urzúa, el secretario de Hacienda a quien AMLO acusó de hacer un PND “neoliberal”. Tras la renuncia del titular del despacho, el Presidente de la República remitió a la Cámara de Diputados la versión que bien le pareció del plan. El viernes 12 de julio se promulgó en el Diario Oficial de la Federación. Cierto: salvo la obligada mención al artículo 89 de la Constitución (el principio de la cooperación internacional), el plan no ofrece una visión integral de la política exterior. Es importante señalar que el 31 de julio se dio a conocer la solicitud de amparo interpuesto por tres ciudadanos en contra del PND, cuyo desenlace no se conoce al escribir estas notas. Además, la cancillería, como todas las dependencias del Poder Ejecutivo, si han de obedecer en algo la Ley de Planeación, tienen hasta diciembre (e incluso un poco más si lo decide el mandatario) para elaborar sus programas sectoriales. Quizá ahí al fin se pueda ver mejor el trazo de la diplomacia cultural al ritmo de la 4T.

 

La diplomacia cultural mexicana goza de enorme tradición y se espera que el consejo recién instalado pueda hacer con eficiencia sus tareas pese a la austeridad republicana. (Foto: SRE).

 

En este variopinto escenario de acontecimientos, en el Palacio de Bellas Artes se instaló el Consejo de Diplomacia Cultural el 15 de mayo pasado. Fueron invitados a participar de este órgano consultivo honorario Lourdes Arizpe, Patricia Arriaga, Sabina Berman, Sari Bermúdez, Juan José Bremer, Gabriela Cámara, Elisa Carrillo Cabrera, Ernesto Contreras, Alondra de la Parra, Manuel Felguérez, Horacio Franco, Daniel Garza Usabiaga, Silvia Giorguli, Margo Glantz, Magos Herrera, Patricio Hidalgo, Rafael Lozano-Hemmer, Enrique Norten, Jorge Sánchez Cordero y Laureana Toledo. “Se trata de académicos, artistas e intelectuales de gran experiencia y prestigio, que denotan una labor estrecha y coordinada para la promoción de México en el mundo”, se lee en el Primer Informe de Labores de la SRE publicado en septiembre. Así mismo, se formó un Consejo Académico Asesor dependiente de Márquez con César Villanueva, Edgardo Bermejo y Gerardo Ochoa Sandy.

La primera sesión del Consejo de Diplomacia Cultural está prevista para el 18 de octubre próximo. El objetivo, según nos comentó Pablo Raphael de la Madrid, director general de Promoción y Festivales de la SC y contraparte de Márquez para las tareas de los consejeros, es dialogar sobre el Proyecto Senda-Circuitos Culturales Nacionales e Internacionales, a partir de un cuestionario que les fue entregado a los integrantes. Por lo demás, no hay registro de actividad alguna en este lapso de tiempo, como tampoco de los avances con el Consejo Académico.

Durante este periodo la dupla Ebrard-Márquez tomó otras decisiones. Como ha sido tradición en la diplomacia cultural mexicana, y según una lista que pude elaborar a partir de mi indagación, al primer semestre de 2018 se desempeñaban como agregados culturales (bajo el artículo 7 de la Ley del Servicio Exterior Mexicano) 25 personas, entre ellas Pablo Raphael de la Madrid, destacado en Portugal. Otros nombres: Andrés Webster, Zoila Sánchez, Caterina Toscano Gómez Robledo, Paula Linares Cruz y Raúl Paz Rangel. Hablamos de los “asimilados”, gente que se incorpora temporalmente a las tareas de embajadas y consulados generales. No puedo asegurar que todos fueron separados de esas tareas, como tampoco si han habido más nombramientos en este tenor, como es el caso del escritor Jorge F. Hernández en la Embajada de España (ya radicado en Madrid tiempo atrás). Lo cierto es que la mayoría fueron dados de baja, en algunos casos, de malas maneras.

Cuatro. ¿Lo que viene será?

En su presentación del Primer Informe de la SRE (267 páginas), Ebrard afirma: “La labor de promoción de México en el orbe adquiere en este gobierno una relevancia especial y la Cancillería ha asumido este papel con la creación del Consejo de Diplomacia Cultural y del Consejo de Diplomacia Turística. Ambos mecanismos se nutren de la experiencia y los conocimientos de mexicanos y mexicanas que se han distinguido en los campos de la cultura y el turismo. El primero de estos cuerpos colegiados impulsará la imagen de México en el mundo, aprovechando la presencia de las representaciones diplomáticas y consulares de México en 80 países. El segundo, conformado por 28 destacados empresarios del sector turístico y expertos comprometidos con la industria turística nacional, convertirá a esta en un real detonador económico y una herramienta de reconciliación social, que beneficie directamente a las poblaciones locales”.

El informe, de narrativa libre, dedica un capítulo a la Amexcid y otro a la diplomacia cultural y a la turística. Del abundante recorrido de labores realizadas se subraya que “las acciones de diplomacia cultural de México en el periodo de este informe han contribuido a la reconfiguración simbólica de nuestro país. Desde el Servicio Exterior Mexicano (SEM) se ha logrado dar cauce a una debida asignación de recursos humanos, materiales y técnicos, para la generación y el fortalecimiento de alianzas, el diseño de nuevos modelos de cooperación y el mantenimiento de los esquemas óptimos”. Muestra de ello es “el desahogo de la Primera Reunión Regional de Diplomacia Cultural/ Europa 2019, el 24 de abril de 2019 en París, Francia, elevando también la presencia de los institutos culturales de México en el exterior”. Y ahora que el nuevo gobierno mexicano “ha emprendido una resuelta propuesta de desarrollo socioeconómico en los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador), se está dando curso a los trabajos preliminares para la iniciativa de instalación del Instituto de México en Honduras, con la proyección que, de verificarse, pueda ser replicada, promoviendo los lazos culturales y diplomáticos que nos unen con dichas naciones”.

 

La Casa de México en Madrid es operada por el empresario Valentín Díez Morodo, por un acuerdo signado en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Un nexo público-privado en favor de la diplomacia cultural. (Foto: Mexicanos por España).

 

El informe no se estructura con respecto a un plan anual de trabajo, pues este no fue presentado. Tampoco va acorde con los lineamientos anunciados por Márquez en el marco de la REC ni abunda en los fundamentos (y avances) para la transformación de la DGCEC en la Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural. Tampoco es definida la estrecha colaboración con su par en la SC. Menos se hace entrega de indicadores de gestión ni de otros instrumentos estadísticos, como el manejo presupuestal para medir resultados. Gracias a la solicitud de información referida, podemos decir que al 30 de agosto se registraron 1239 actividades, divididas por regiones: América del Norte 397, Latinoamérica y el Caribe 254, Asia-Pacífico 125, Europa 396 y África y Medio Oriente 67. Como el listado está desprovisto de una estructura que permita su mínima evaluación, nombrarlas nos ocuparía varios miles de caracteres sin sentido.

No hay duda de que el año es ganancia para Ebrard y Márquez. El camino es largo todavía. Se antoja imposible revertir la situación presupuestal para el ejercicio pleno de un ramal de la política exterior; lo podremos confirmar en noviembre cuando se apruebe el Presupuesto de Egresos de la Federación. En 2020 se verá si con la suma de los fondos de la Secretaría de Cultura, de los que se obtengan vía cooperación, más los que sean posibles a través del empresariado mexicano transnacional, la 4T podrá imponer un sello propio para que nadie recuerde la diplomacia cultural y la cooperación internacional antes del nuevo régimen y que bien o mal, es una historia de muchos brillos que va más allá del periodo neoliberal.

 


 

Aclaración

En cumplimiento a los principios que rigen nuestro manifiesto editorial sobre el derecho de réplica que tienen los lectores de Paso libre, presentamos la aclaración solicitada por Pablo Raphael de la Madrid sobre el reportaje de Eduardo Cruz Vázquez, Diplomacia cultural de la 4T en cuatro tiempos, publicado el 11 de octubre en estas páginas. A continuación, incluimos la respuesta del periodista.

Estimado Eduardo,

Copio a continuación las respuestas que le di vía correo electrónico, el pasado 9 de octubre del presente, sobre el Consejo de Diplomacia Cultural, donde cito textualmente:

“Con el gusto de saludarte, te comento que el Consejo de Diplomacia Cultural tendrá una Reunión Plenaria en este mes”.

En su articulo, afirma que el objetivo de la citada reunión es: “dialogar sobre el Proyecto Senda-Circuitos Culturales Nacionales e Internacionales, a partir de un cuestionario que les fue entregado a los integrantes”, me permito aclarar que, en ningún momento le especifiqué o respondí que ése sería el tema a tratar.

Por otro lado, cuando usted afirma que: “Por lo demás, no hay registro de actividad alguna en este lapso de tiempo, como tampoco de los avances con el Consejo Académico”, le sugiero revise la respuesta que le di con toda claridad en el mencionado correo:

“Sin embargo, por separado, la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Relaciones Exteriores, han realizado distintos ejercicios y cuestionarios con algunos consejeros como Jorge Sánchez Cordero, Elisa Carrillo y Magos Herrera”.

La interpretación a letra fija y sujeta a un cuestionario respondido con oportunidad, claridad y transparencia, no admiten interpretaciones. Así que le solicito atentamente aclare las interpretaciones que usted hizo sobre las respuestas dadas por mí.

Finalmente, solicito al Consejo Editorial de Paso Libre, integrado por Angélica Abelleyra y Silvia Isabel Gámez, ejercer mi derecho de réplica para contestar el artículo realizado por usted.

Saludos.

Pablo Raphael (director general de Promoción y Festivales de la Secretaría de Cultura, y responsable de la SC ante el Consejo de Diplomacia Cultural. Envío por correo electrónico el 17 de octubre de 2019).

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Respuesta de Eduardo Cruz Vázquez

Estimado Pablo:

Tiene razón cuando pide que aclare que el comentario atribuido no fue escrito por usted de esa manera. Así es, y por ello me disculpo. Sin embargo, es relevante hacer del conocimiento de los lectores de Paso libre que en el texto no fue referida entrevista alguna ni una declaración oficial a través de su amable respuesta a una solicitud de información de mi parte, el lunes 7 de octubre a las 13:35, vía correo electrónico.

De esta manera, si bien no se le puede atribuir una declaración, tampoco que la información no sea fehaciente tanto por el sentido de sus palabras, como por los consejeros que consulté al respecto.

Por otro lado, no le atribuyo a usted lo relativo a la falta de registro de actividades tanto del Consejo de Diplomacia Cultural como del Consejo Académico. Esta afirmación mía se sustenta no solo en los mismos consejeros que lo corroboraron sino también en la respuesta que en ese sentido dio la cancillería mediante solicitud de información folio 0000500269119, del 3 de octubre de 2019, ya citada en el reportaje.

Lamento haber referido algo que no dijo, pero también es cierto que no es equivocada la información de mi reportaje.

Eduardo Cruz Vázquez. (Envío por correo electrónico el 17 de octubre de 2019).

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